El incierto futuro de Egipto (Emilio Cárdenas)

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El viento de la "primavera árabe" sopló temprano y realmente fuerte en Egipto. El autoritario Hosni Mubarak ya no es presidente del país de 80 millones de almas. El ex mandatario está en cambio en la cárcel, mientras es juzgado por sus crímenes. No obstante, los militares aún están en el poder, aunque ahora conduciendo un complejo proceso que -paso a paso- debiera culminar en la democratización del país.

Mientras tanto, tras las revueltas callejeras encabezadas originariamente por los liberales y seculares, Egipto ha comenzado a cambiar institucionalmente. Ya ha elegido -en enero pasado- un nuevo Parlamento en el que una amplia mayoría de las bancas (más de dos tercios) está en manos de la Hermandad Musulmana y del Salafismo. Recordemos que la idea política originalmente compartida por todas las fuerzas y corrientes es que ellas estuvieran de alguna manera representadas en el grupo que, finalmente, tendrá en sus manos la responsabilidad del diseño de la nueva Constitución. Esto es en un comité especial designado por el Parlamento. Hablamos nada menos que del pacto social básico de una enorme y diversa nación que debiera estructurarse de modo inclusivo y duradero.

Pero hasta ahora al menos las cosas lamentablemente no han sido así. La Hermandad Musulmana y el Salafismo han utilizado su mayoría legislativa para asegurarse el control absoluto de ese comité constitucional, del que además prácticamente han eliminado a las mujeres y marginado a las minorías, como las de Nubia y del Sinaí. Tampoco han convocado a integrarlo a los especialistas en derecho constitucional o político que pertenecían al Parlamento. Recordemos además que originalmente los líderes de la Hermandad Musulmana hablaron de no superar un 20% de participación parlamentaria, límite que luego auto-ampliaron, para terminar dejándolo sin efecto.

Por esto los cristianos coptos, que representan al 10% de la población del país; los partidos seculares y los liberales; y hasta la máxima autoridad religiosa islámica sunita, al-Azhar, se han retirado del referido comité. Lo han hecho en protesta por lo que supone eliminar -de un plumazo- la posibilidad de diversidad en un ente que deberá decidir, entre otras cosas fundamentales, cual será el rol del Islam y cual el papel de las minorías en Egipto.

Como señal de intolerancia y manifestación de exclusión, lo sucedido con la conformación del comité constitucional es preocupante. De alguna manera, los islamistas han dejado ya a todos los demás abiertamente de costado. Incumpliendo de ese modo sus promesas iniciales de respetar la diversidad y actuar con prudencia y moderación.

Egipto camina ahora en dirección a sus elecciones presidenciales que -si todo marcha bien- tendrán lugar el próximo 23 y 24 de mayo. El resultado será anunciado el 21 de junio y los militares han prometido entregar al poder al presidente civil luego de esa fecha.

Cabe agregar que recientemente la Hermandad Musulmana ha deparado una nueva sorpresa. Pesada. Pese a su postura original de no tener candidato presidencial propio -para no provocar episodios de tensión extrema que terminen como el en su momento acaecido en Argelia luego de las elecciones de 1991, cuando los militares no reconocieron los resultados que habían favorecido a los islamistas- acaba de designar al número dos de su conducción, al "ingeniero" Kairat al-Shater, como su candidato presidencial oficial. Renegando así del compromiso también asumido públicamente en esta materia.

¿Por qué? Simplemente por el temor de perder irremediablemente influencia. Ocurre que en la carrera presidencial aparecieron otros candidatos islámicos importantes. Como Hazem Abu Ismail -un abogado y predicador fundamentalista- cuya popularidad ha crecido enormemente, que ha comenzado activamente su campaña pese a la veda que aún legalmente no se lo permite. No obstante, como se acaba de descubrir que su madre se nacionalizó como norteamericana, en California, antes de morir (lo que es una causal expresa de exclusión para los candidatos) Ismail podría terminar no siendo de la partida, humillado por la revelación de una situación que mantenía oculta. O como el médico Abdel Moneim Abul Futouh, un líder islámico más bien moderado, tolerante y liberal, luchador encendido contra la corrupción, que hace meses fuera expulsado de la Hermandad Musulmana en la que antes militara, simplemente porque quiso dedicarse de lleno -y por cuenta propia- a la política.

A ellas se suman las de Amr Moussa, el aguerrido ex Secretario General de la Liga Árabe, que hasta no hace mucho encabezara los sondeos de intención de voto. Así como la del líder nasserista del partido Karama (Dignidad) Hamdim Sabahi. O la del sempiterno opositor a Mubarak, Ayman Nour y la del cantante popular, Saad al Soghayar. De todo un poco.

En total, hay unas 450 personas que se han registrado ya como pre-candidatos. Y puede haber más, desde que la inscripción cierra el 8 de abril. Una nutrida maratón en busca del sillón presidencial. Con pocos favoritos y una multitud de incógnitas.

Entre ellos estarán asimismo el ex jefe de inteligencia y ex vicepresidente de Mubarak, Omar Suleiman; la activista feminista, Buthaina Kamal; y hasta -curiosamente- un primo hermano del ex presidente, que insólitamente también se llama Hosni Mubarak.

No estará en carrera, en cambio, quien fuera un excelente candidato de los liberales, el Premio Nobel de la Paz, Mohammad El-Baradei, ex Director General de la Agencia Internacional de Energía Atómica, quien se ha retirado de la contienda arguyendo falta de transparencia.

El mencionado candidato de la Hermandad Musulmana, Al-Shater, recientemente habilitado por la propia Corte Suprema de Egipto, que le levantó una proscripción de tiempos de Mubarak, es un líder de 62 años, considerado como el alma política de la Hermandad. Es un dirigente reconocido y popular.

Estuvo doce años en los calabozos de Mubarak. Es un magnate sin problemas económicos, que cuenta con inversiones importantes en el sector textil y en el de la fabricación de muebles. La decisión de proclamarlo candidato generó fuertes resistencias dentro de la Hermandad, particularmente entre la juventud. Pero es un candidato al que será difícil, pero no imposible, vencer. Particularmente si el islamismo queda fraccionado, con distintas corrientes y candidatos.

Mirando al Egipto de hoy nada más cierto que aquello de que el futuro está oculto detrás de los hombres que lo hacen. El tránsito egipcio hacia un destino de mayor libertad personal se ha puesto en marcha. El problema puede estar en las eventuales paradas intermedias, particularmente si son largas.